Proyecto Rompecabezas

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¿Dónde está la felicidad?

Posted by Pelao en 1 octubre, 2010

Toda la vida parece ser una permanente preocupación por llegar a la felicidad. Se trabaja y se lucha por alcanzarla. Y se comprende que así sea porque, en verdad, todos debiéramos ser felices. Decía Montaigne: “Todas las opiniones del mundo concuerdan con que la finalidad de nuestra vida no es otra que la de la felicidad”.

Así es. La finalidad de la vida es la felicidad. La dificultad estriba en que la felicidad no para todos  consiste en la misma cosa, ni todos buscan de la misma manera, ni en el mismo lugar. Para el pobre, muy a menudo parece consistir en la riqueza. Para el débil, en ser fuerte. Para el gobernado, la suma de la felicidad sería poder gobernar. A su vez, para el enfermo, ser feliz consistiría en poseer la salud. Para algunos la felicidad residiría en los placeres livianos; para otros, en los goces de la familia.

Algunos adivinos prometen poder señalar el camino que lleva a la buscada felicidad a cambio de una cantidad de dinero insignificante, comparada con lo que ofrecen. En un diario de Madrid se la ofrecía por ciento cincuenta pesetas. Suena ridículo, ¿verdad?

Hace unos días recibimos por correo electrónico un documento interesantísimo. Se trata de los resultados de la Encuesta sobre la Felicidad Matrimonial. Eruditos de la Escuela de Economía de Londres propusieron investigar el vínculo que pueda haber entre el poder adquisitivo y la calidad de vida percibida.

Y, ahora, la sorpresa. ¿Sabes cuál es el país que quedó en primer lugar? ¿El más feliz del mundo? El estudio reveló que el pueblo de Bangla Desh, uno de los países más pobres del orbe, deriva mucha más felicidad de sus escasos ingresos que, por ejemplo, Inglaterra, a pesar de que el inglés medio dispone de muchos más bienes y dinero. De paso, Inglaterra ocupa el puesto número treinta y dos en la lista de los países más felices.

De hecho, los habitantes de los países más ricos, tales como Austria, Suiza, Canadá, Japón y otros, son marcadamente menos felices que la gente de países como la República Dominicana, Armenia y la India, este último el quinto país entre los más felices del mundo. ¿Quién lo diría?

Los menos afortunados parecen ser los rusos y los demás habitantes de la ex Unión Soviética: Eslovenia, Eslovaquia, Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Bulgaria y Moldavia ocupan la retaguardia de la lista.

¿Y los Estados Unidos? La encuesta pinta un triste cuadro. Con todo su poder económico ese país ocupa el lugar cuarenta y seis. ¡Increíble! Esta encuesta prueba lo que siempre hemos sabido: que el dinero puede comprarlo todo, menos la felicidad. (Fuente: Reaz Shaheed, Technical Support Director, Computer Department, American International School/Dhaka).

No hay cosa más insegura que el dinero. Puede perderse fácilmente cuando menos se espera. Cuantas personas, de la noche a la mañana, vieron desaparecer cuanto poseían y se encontraron mucho más pobres que ellas porque no sabían vivir sin abundancia. Se dice que dos personas se ahogaron en el mismo día en el río Hudson. Uno había sido muy pobre, pero había ganado, gracias a un golpe de fortuna, la suma de cinco mil dólares. Para festejar su buena suerte bebió hasta perder el juicio, cayó al río y se ahogó. El otro era un millonario. Ese día perdió toda su fortuna, menos cinco mil dólares. Profundamente abatido al sentirse tan pobre, se arrojó al río y se ahogó. La misma cantidad de dinero que para uno era la suma de la felicidad, para el otro era la evidencia de la desgracia. Y ambos hallaron la muerte en el mismo río.

La felicidad no reside tampoco en la mucha sabiduría, ni en la mucha ciencia, ni en el conocimiento profundo. Todo eso está bien. Debemos aspirar a la sabiduría y a la ciencia, pero no como un fin, sino como un medio para llegar a la felicidad. Sin embargo, muy a menudo consideramos la sabiduría como la felicidad. Y en eso reside nuestra equivocación. Por otra parte, es un hecho comprobado que el aumento de la ciencia en estos últimos años no nos ha hecho más felices. Diríamos que, por el contrario, ha aumentado nuestras preocupaciones y nuestros problemas.

La felicidad no está en las cosas. Su secreto no hay que buscarlo en ninguna fórmula maravillosa. Ni es menester que recorramos distancias enormes para alcanzarla. A menudo está muy cerca de nosotros. Como decía Gustavo Droz: “A veces buscamos la felicidad como se buscan los lentes cuando se tienen sobre la nariz”. Es posible que la felicidad esté en nosotros mismos, es decir, que dependa de nuestra actitud hacia las personas y las cosas que nos rodean; en nuestra actitud hacia nuestros problemas, o del curso que le permitamos seguir a nuestros pensamientos. Muy a menudo nos dejamos arrastrar hacia el pesimismo cuando con una actitud opuesta nos convertiríamos en vencedores. Alcanzaríamos así el sosiego, la tranquilidad buscada, en una palabra: la felicidad. Uno de los grandes secretos para llegar a la felicidad es saber conformarnos con aquello que poseemos. Si sabemos extraer el mayor bien de lo que está a nuestro alcance, seremos felices.

A menudo nos preocupamos mucho por lo que no tenemos. Nos aflige el carecer de algunas cosas, cuando, si cambiáramos el rumbo de nuestros pensamientos y tratáramos de valorar lo que tenemos, nos sentiríamos profundamente agradecidos. Se dice que cierto día Sócrates paseaba por el puerto de Pireo, donde había muchos buques que descargaban gran cantidad de mercaderías que provenían de otros lugares del mundo. Acariciándose la barba, el sabio dijo a sus discípulos: “Cuantas cosas hay en el mundo que yo no necesito”. He aquí una actitud correcta. Es la actitud positiva.

Hay quienes suponen que el enemigo de su felicidad es el trabajo. Piensan que si llegara un día en que pudieran independizarse de la obligación de trabajar, entonces sí vivirían de verdad y gozarían de la vida sin preocupación alguna. Pero se equivocan, porque el trabajo no es un enemigo de la felicidad. Todo lo contrario. Suele ser lo que la proporciona. El verdadero enemigo de la felicidad es el ocio.

Decía un escritor: “Si observáis a un hombre realmente dichoso, lo veréis ocupado en construir una embarcación, componer una sinfonía, educar a su hijo, cultivar dalias dobles en su jardín.. Se ha dado cuenta de que es feliz viviendo provechosamente las veinticuatro horas de cada día”. De manera que no debemos rehuir nuestras obligaciones pensando que ellas son las que hacen infeliz nuestra vida. Por el contrario, es gracias a ellas que tenemos un motivo para vivir, para ocuparnos y hasta para preocuparnos por las cosas nobles y grandes de la vida.

Tenemos todo el derecho de aspirar a la felicidad. Pero seamos juiciosos al buscarla. No tratemos de encontrarla donde no está. No tomemos atajos que nos conducirán a la intranquilidad, al desasosiego, a la enfermedad y al dolor.

Una de las cosas que más aleja al ser humano de la felicidad son los problemas que surgen de su relación con los demás. De acuerdo a los estudios más recientes, como el que mencionamos al comienzo, la felicidad en los países ricos depende cada vez más del tipo de relaciones personales que se tengan, de la satisfacción en el trabajo y de la salud personal. Hay quienes ven un enemigo en cada en cada ser humano. Y si no ven un enemigo, por lo menos ven en cada uno de los que le rodean a alguien de quien hay que cuidarse, alguien contra quien hay que estar prevenido. Sufren una tremenda susceptibilidad que los lleva a ofenderse por cualquier nimiedad. Sufren si ven que alguien posee alguna cosa de la cual ellos carecen. Y en lugar de alegrarse por los que la poseen, se consumen en la hoguera de la envidia. Olvidan que el sol sale para todos y que cada uno debe ser feliz con lo que posee. Se dejan llevar por el amor propio y el orgullo, y adoptan actitudes ofensivas que hieren a los demás.

Si, queridos amigos, la felicidad consiste en estar uno contento con lo que posee y en alegrarse de que otros tengan las cosas que uno no puede tener.

La psiquiatría moderna ha descubierto que sin fe es muy difícil el equilibrio mental y la felicidad. Frente a la inseguridad de la vida, el ser humano necesita asirse de la fe para mantenerse por encima de la depresión y del mal que azota a la humanidad. Debe aprender a aceptar las pruebas de la vida, con altura, aún cuando esas pruebas sean muy dolorosas.

Después de varios años de casados, una pareja tuvo la dicha de saber que, por fin, tendrían el hijo esperado. Llegó el anhelado momento del nacimiento y el médico que atendía a la esposa tuvo la dolorosa sorpresa de comprobar que el recién nacido carecía del bracito izquierdo. En su lugar tenía un muñón. Con sumo cuidado le dio la noticia al padre y ya imaginemos lo que esto significó para él. Luego se ofreció para comunicarle la ingrata nueva a la madre. Pero el esposo le dijo: “No, doctor, yo mismo se lo diré”. Colocaron a la criatura en sus pañales junto a su madre, quien contemplo con amor el rostro del niño.

Es perfecto, ¿verdad?– preguntó la esposa.

En la mirada del esposo vio la respuesta. La dolorosa respuesta. Desenvolvió lentamente los pañales y vio el muñón. Se produjo un silencio angustioso. Por fin, aquella esposa dijo: “Juan, Dios sabía lo que hacía al enviarnos esta criatura, ¿no es cierto? Él comprendió lo mucho que necesitábamos de ella y lo mucho que ella iba a necesitar de nosotros”

Anima tu corazón. Hay poder para vivir, para vencer. ¡Seamos felices!

“Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo.” – Leon Tolstoi

Una respuesta to “¿Dónde está la felicidad?”

  1. Felicidad said

    Seamos felices🙂
    Busquemos la felicidad, que esta muy muy cerca…🙂

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